Acabamos el día. Siempre habrá carreteras que nos lleven a sitios insospechados y dignos de ser soñados. Agarramos el coche y nos despedimos del bosque hasta otra ocasión.
Acabamos el día. Siempre habrá carreteras que nos lleven a sitios insospechados y dignos de ser soñados. Agarramos el coche y nos despedimos del bosque hasta otra ocasión.
Se va acabando el día. El río como un espejo refleja todo lo que le rodea cuando pasa calmadamente, está cansado de moverse sin pausa, eternamente.
Siguiendo el paseo entre árboles miro algún sitio donde descansar un poco y comer algún bocado. Creo que este es un buen lugar donde alimentar cuerpo y alma.
Adentrándonos en el bosque podemos encontrar rincones relajantes. Para descansar un poco la mente, nada como ver el agua correr.
Comienza el día. Los rayos de luz, como brazos que se estiran entre los troncos, comienzan a barrer las sombras. Aunque al día le dé pereza comenzar y la noche no se retire a su hogar, como si de un juerguista se tratara, la naturaleza comienza a brillar como un tesoro ante nuestros ojos.
Muchas veces me han dicho que me compre un bosque y me pierda en él. De momento no he ahorrado lo suficiente para poder permitirme el lujo de comprarme una parcela llena de árboles. En cambio si que me gusta perderme en ellos de manera económica, sin necesidad de poseerlo, más bien es el bosque el que posee mis ojos. Cualquier día es bueno para agarrar una carretera y adentrarnos en terrenos menos urbanos. Vamos a ver donde nos lleva.